Por qué alguien amable fuera de casa es frío con los más cercanos

A veces, alguien que es amable en el trabajo y con sus amigos interrumpe a su pareja o a sus hijos y no les hace caso. En el trabajo o entre amigos, cada uno tiene su papel y la distancia ya está marcada, así que no hace falta mostrar del todo lo que uno siente. En una relación cercana, en cambio, es más probable llegar a depender del otro y salir herido. Por eso, con quienes tiene más cerca, esa persona se protege con más fuerza que con el resto, para que no le hagan daño. Interrumpir y no hacer caso es una de las formas que toma esa protección. Lleva tanto tiempo protegiéndose así que ya lo hace sin pensar, y por eso puede que ni se dé cuenta.

¿Es imaginación mía la frialdad que solo aparece en las relaciones cercanas?

Que la gente de su entorno hable bien de esa persona no borra la frialdad que usted ha vivido, porque hay quien es amable con todo el mundo y, en cambio, pisotea y desprecia solo a quienes lo quieren. En el trato con la mayoría de la gente, esta actitud no se nota; puede aparecer solo en un tipo de relación concreto, por ejemplo cuando hay amor de por medio. Para saber cómo es alguien, hay que mirar a la vez la amabilidad que muestra fuera y la manera en que trata a quienes tiene cerca.

¿Cómo le suena una opinión distinta a quien siente que lo que piensa es un hecho?

Esa manera de protegerse ante las personas cercanas toma varias formas. Una de ellas nace del sentimiento de omnipotencia. Se llama así porque quien lo tiene siente, como si fuera un dios todopoderoso, que todo lo que sabe, cree y piensa es una verdad absoluta. Quien se siente así no ve su propio juicio como una opinión entre otras. Por eso, si la otra persona recuerda lo ocurrido de otra manera o dice que lo sintió de otro modo, lo vive como «me quiere hacer quedar como un mentiroso» y se defiende. Así, la conversación deja de ser una manera de aclarar juntos qué pasó y se convierte en una pelea por ver quién tiene razón.

Entonces la otra persona piensa que, si se explica mejor, conseguirá hacerse entender, y repite lo mismo. Pero el problema no es que falte explicación. Para quien se siente omnipotente, lo que piensa es, sin más, la verdad, así que no soporta ni siquiera que exista otro punto de vista. Por muy bien que se le explique, una opinión distinta le sigue sonando a ataque, y en lugar de aceptarla, la rechaza con dureza.

¿Quien oculta lo que siente y guarda las distancias lo hace porque le gusta estar solo?

Hay quien teme que, si se acerca a alguien, lo abandonen o el otro lo maneje a su antojo. Quien tiene ese miedo no habla de lo que siente y, cuando se le pregunta, esquiva la respuesta. Al principio puede parecer una persona prudente e independiente. Pero cuanto más se estrecha la relación, más siente el otro que tiene delante un muro.

A esta manera de mantener a la gente a distancia se le llama «aislamiento». Aquí la palabra no quiere decir que los demás lo hayan dejado de lado, sino que es él mismo quien se aparta. Puede parecer que lo ha elegido porque le gusta estar solo, pero en realidad restringe sus relaciones para no sentir el miedo que le entra cuando alguien se le acerca. Y como él mismo no se da cuenta de ese miedo, puede explicarlo así: «Yo soy así; no necesito a nadie».

¿Por qué no cambia nada cuando alguien asiente en silencio?

El sentimiento de omnipotencia, esa sensación de que lo que uno piensa es absolutamente cierto, no siempre se muestra a gritos. Si quien lo tiene es extrovertido, se nota enseguida: presume y pide que lo elogien, levanta la voz e intenta mover a la gente a su antojo. Con el mismo sentimiento de omnipotencia, una persona callada no alza así la voz ni exige que la reconozcan. En cambio, por dentro es muy terca y no acepta nada de lo que le digan, venga de quien venga. Que no grite no quiere decir que se pueda hablar con ella. Si asiente con la cabeza, pero después no cambia en nada su manera de actuar y tampoco dice lo que piensa, la otra persona no puede saber en qué han quedado.

Esta terquedad silenciosa rara vez choca de frente con los demás, y por eso a la persona callada le cuesta más que a la extrovertida reconocer ese rasgo en sí misma. Así, la terquedad se queda intacta por dentro y puede durar mucho tiempo. Por fuera no hay ruido y todo parece en calma, pero la otra persona acaba hablando siempre sola, y ese silencio le puede llegar como un rechazo.

Entender por qué alguien es frío solo con los más cercanos, ¿obliga a aguantar que la herida se repita?

Si entiende por qué alguien es frío únicamente con quienes tiene cerca, puede dejar de pensar que esa conducta se debe solo a usted. Pero entenderlo no es excusarlo. Si el desprecio, el silencio y las humillaciones se repiten, tiene que decir en concreto qué conductas no acepta.

Pero con eso no basta. Si le dice «no te enfades» y nada más, queda sin decir qué hará usted si, aun así, se enfada. Es más claro decir de antemano las dos cosas juntas: qué conducta no acepta y qué hará usted cuando ocurra. Por ejemplo: «Si te levantas y te vas mientras te estoy hablando, dejo ahí la conversación de hoy y vuelvo a sacar el tema otro día». Para saber si quien es frío con usted tiene intención de cambiar, hay que fijarse más en la conducta que se repite que en las explicaciones que da.

¿No hay momentos en que también usted se cierra con los más cercanos y con nadie más?

Creer que solo uno tiene razón, guardar las distancias y mantenerse terco en silencio son cosas que todos tenemos un poco; lo que cambia es el grado. Si usa este texto solo como una lista para diagnosticar a quien es frío con usted, no verá esos mismos rasgos en usted. Y entonces también usted puede acabar haciendo lo mismo una y otra vez: cerrarse ante los más cercanos y herirlos. Tiene que preguntarse: ¿decide usted cómo son las cosas antes de escuchar lo que le dice su familia, como quien cree que solo él tiene razón? ¿Se calla que algo le dolió y espera a que los demás se den cuenta sin que usted lo diga, como quien oculta lo que siente?

La intimidad no consiste en aguantarlo todo ni en contarlo todo. Una relación íntima es aquella en la que cada uno puede decir lo que piensa aunque el otro no piense igual, escuchar el malestar del otro y, después, ajustar su manera de actuar. La forma en que alguien afronta los conflictos con quienes tiene cerca muestra su capacidad para relacionarse con más precisión que la reputación que tiene fuera.


Escrito por Kim Hyung-keun — Director del Instituto de Psicología de las Adicciones de Seúl · Director del Instituto de Formación en Psicoanálisis Contemporáneo · Psicoterapeuta de relaciones objetales y supervisor, con 26 años de práctica y docencia. Foro de consultas

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