Cuando uno cae de rodillas diciendo «Yo no puedo»

En el programa de los doce pasos, el camino que recorren paso a paso las personas que quieren recuperarse de una adicción, hay una palabra: rendirse. Es caer de rodillas diciendo «Yo no puedo». Quienes la oyen por primera vez suelen pensar en tirar la toalla: dejarse caer y quedarse en el suelo, reconocer «lo mío ya no tiene arreglo» y dejarlo todo. Pero no son lo mismo. Aunque en los dos casos uno parece reconocer lo mismo, «Para mí no hay nada que hacer», al tirar la toalla todo termina ahí, y al rendirse, ahí empieza algo nuevo.

¿Qué quiere decir que el yo tiene que morir ante el yo entero?

El yo tiene que morir ante el yo entero. Es algo que aparece también en la teoría del psiquiatra Jung. Aquí, el «yo» es esa parte de mí que va diciendo «voy a intentar vivir así», «voy a intentar vivir de esta otra manera», y lleva las riendas de mi vida a mi manera. El yo entero (el sí-mismo), en cambio, es todo lo que soy: no solo lo que sé de mí, sino también lo que hay en mi mente sin que yo lo sepa. Sin embargo, dentro de nosotros el yo sigue vivo. El yo, que es una parte, deja de lado al yo entero y se empeña en que el dueño es él. Por eso, decir que el yo tiene que morir no quiere decir que yo tenga que desaparecer. Quiere decir que el yo, que se empeñaba en ser el dueño, tiene que bajarse del lugar del dueño. Y es precisamente este yo el que tiene que caer de rodillas diciendo «Yo no puedo».

De los doce pasos, ¿cuál es el más importante?

El primero de los doce pasos, el paso 1, es aquel en el que uno confiesa que era impotente ante su adicción y que no había nada que pudiera hacer. Es negar al yo que se empeñaba en ser el dueño; es decir, negarse a sí mismo. Si uno no se niega a sí mismo, no empieza nada nuevo. Por eso, si hubiera que elegir el paso más importante de los doce, sería el paso 1. Si uno no da el paso 1, no tiene sentido avanzar a los siguientes; y con solo dar de verdad el paso 1, esa persona ya tiene resuelta casi la mitad de su problema de adicción.

Negarse a sí mismo no quiere decir odiarse. Lo que se niega no es mi existencia, sino la convicción de que puedo resolver la adicción con mis propias fuerzas.

Alguien que iba a consulta por primera vez en su vida, ¿de qué se había dado cuenta antes de venir?

Una vez vino a mi consulta una persona que había consumido marihuana. Era la primera vez en su vida que iba a una consulta, pero ya había dado el paso 1 antes de venir. Según me contó, se había dado cuenta de esto: «Ay, esta marihuana me ha arruinado, y yo no consigo cortar con ella. Y si no corto con ella, se me va a arruinar la vida». Después fue a la fiscalía a entregarse y escribió una confesión, se lo contó todo a sus padres y se lo confesó a su esposa. Lo hizo aunque nunca habían descubierto que consumía. Sentía que, si no lo dejaba, se iba a morir, y como veía que con sus propias fuerzas no iba a poder dejarlo, lo contó todo. No sabía qué sentencia le esperaba, pero vino a verme habiéndose hecho ya a la idea de ir a la cárcel y con la decisión tomada.

La marihuana, que parecía su salvadora, ¿en qué convirtió a esa persona?

Me contó que de verdad veía la marihuana como su salvadora. Pensaba: «¿Por qué no me dejan hacer algo tan bueno?», y por eso fumaba mucho. Al principio le daba, por un momento, bienestar y calma. Pero, a fuerza de repetirlo, a uno se le pone la mirada perdida. A simple vista, no parece una persona normal. Y, como si una sola persona se hubiera partido en dos, cuando fuma es una persona buenísima, y cuando no fuma se irrita y está extremadamente susceptible. Tampoco su familia entendía por qué estaba así.

Caer de rodillas diciendo «Yo no puedo», ¿cómo es eso?

Con el tiempo, esa persona supo que era alguien que no podía dejar la marihuana con sus propias fuerzas. Por eso cayó de rodillas delante de los demás. Ir a la fiscalía a escribir una confesión y confesárselo a sus padres y a su esposa: eso fue precisamente caer así de rodillas. «No soy capaz. Yo no puedo.» Esa es la postura. Y cuando uno cae así de rodillas, es entonces, en realidad, cuando empieza algo nuevo.

¿Por qué el paso 3 no dice «pusimos», sino «decidimos poner»?

El paso 3 de los doce dice así: «Decidimos poner por completo nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de Dios, tal como lo concebimos». Aquí, Dios es Dios tal como cada uno lo concibe. Hay un texto en el que personas que se recuperan de una adicción explican los doce pasos uno por uno. Ese texto dice que cada persona tiene derecho a creer en Dios tal como lo conciba, y que cualquiera puede dar este paso, aunque no tenga religión. Si se mira bien la frase, no dice «pusimos». Dice «decidimos poner». El texto explica esa diferencia así: no fue otra persona quien tomó la decisión por nosotros, sino que la tomamos nosotros mismos. Hasta entonces, la persona que había caído en una adicción había dejado su voluntad y su vida en manos de la fuerza destructiva de la adicción. Por eso, la decisión del paso 3 es la primera que toma por su propio bien desde que cayó en la adicción. Y la palabra «decidir» exige actuar.

Decidir poner su voluntad y su vida al cuidado de Dios, ¿basta con eso?

No. El texto dice que uno puede decir que pone su voluntad y su vida al cuidado de Dios y, aun así, seguir teniéndolas en realidad agarradas en sus propias manos. Cuando no han llegado a tomar del todo esa decisión, cuenta el texto, las personas que se recuperan acuden en silencio a Dios y le piden que cuide de ellas. Y empiezan cada día con una oración sencilla en la que le piden a Dios que las proteja.

¿En qué se diferencia rendirse de tirar la toalla?

Al explicar el paso 3, el texto insiste en que hay que prestar atención a la palabra «rendición». Y justo a continuación escribe que las personas que se recuperan ya no luchan contra el miedo, la ira, la culpa, la autocompasión ni la depresión. La rendición de la que habla el texto es dejar de luchar contra todo eso. Y cuenta que, mientras esas personas van siguiendo así a Dios, empiezan poco a poco a salir de esa desesperación de sentirse impotentes, que parecía no tener remedio. Quien en el paso 1 reconoció que era impotente ante su adicción es, paradójicamente, quien empieza a salir de esa desesperación de sentirse impotente.

Quien tira la toalla dice «No hay nada que hacer», lo deja todo y se queda en el suelo. Quien se rinde cae de rodillas diciendo «Yo no puedo» y, después, por primera vez desde que cayó en la adicción, toma una decisión por su propio bien y empieza a moverse. La persona de la que hablé antes tampoco se quedó en el suelo. Aunque nunca habían descubierto que consumía, fue por su propio pie a la fiscalía y escribió una confesión. Quien tira la toalla no escribe ninguna confesión.


Escrito por Kim Hyung-keun — Director del Instituto de Psicología de las Adicciones de Seúl · Director del Instituto de Formación en Psicoanálisis Contemporáneo · Psicoterapeuta de relaciones objetales y supervisor, con 26 años de práctica y docencia. Foro de consultas

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