¿Qué me avergüenza: lo que hice o el hecho de esconderlo?
Si la vergüenza nos atormenta, no es solo por algo que hicimos. Puede que el acto en sí tenga una parte que nos avergüence, pero sentimos más vergüenza en el proceso de esconderlo.
Cuando hay algo en nosotros que vemos como un defecto, intentamos esconderlo. Intentamos esconder quiénes somos, y también lo que hemos dicho o hecho. Es justo en el momento en que intentamos esconder cuando sentimos vergüenza. Así que puede pensar, sin miedo a equivocarse, que el propio acto de esconder es lo que genera la vergüenza.
¿Reconocer un error es perder?
Podemos equivocarnos y hacer las cosas mal. También podemos comportarnos de forma infantil o inmadura. Le pasa a todo ser humano. Acéptelo como algo natural y, si se equivocó o se quedó corto en algo, reconózcalo. «Me equivoqué». «Me quedé un poco corto». «No lo pensé lo suficiente». Basta con decirlo así.
Pero las personas que sufren un sentimiento de inferioridad creen que decir esto es perder. Por eso no son capaces de decir «me equivoqué», «hice mal» o «me quedé corto». Eso es lo verdaderamente patético. Al contrario, quien dice «hice mal, me equivoqué» es el fuerte, la persona admirable.
Para saber si tengo razón o no, observe con calma a las personas que ha conocido a lo largo de sus relaciones. Las que caen bien a la gente, las que son populares y aquellas cuyas palabras tienen peso son muy libres. No esconden ni tapan sus errores y sus faltas: enseguida dicen «ah, me equivoqué, hice mal». Cuando actúan así, las cosas en la relación se arreglan con facilidad, y a quien habla de ese modo la gente, en realidad, lo respeta. Le está agradecida y quiere tenerlo cerca.
Si no somos capaces de hacerlo, es porque durante mucho tiempo nos hemos convencido de que, si lo hacíamos, pareceríamos realmente patéticos, poca cosa, un montón de errores. En realidad es al revés.
¿Por qué, cuanto más intentamos ocultarlo, más se nota?
Cuando queremos que nos reconozcan, queremos mostrarnos y no soportamos perder, surgen peleas y conflictos. Pero en ese mismo proceso queda al descubierto, con todo detalle, aquello de nosotros que no queríamos que se viera. Lo que intentábamos ocultar se sigue escapando hacia fuera.
Si intenta atrapar agua con la mano, el agua se le escapa toda de la mano. Del mismo modo, cuanto más intentamos ocultar algo y aferrarnos a ello, más se nos escapa todo. La gente se da cuenta. Y cuanto más lo hacemos, más nos mira la gente pensando: «Qué patético, qué infantil».
¿Qué nos pasa por dentro cuando escondemos y ocultamos?
Esconder y ocultar puede hacernos sentir vergüenza, pero además abre el camino hacia la mentira. Acabamos mintiendo. Y así, nosotros mismos vamos minando sin parar nuestro propio valor.
Escrito por Kim Hyung-keun — Director del Instituto de Psicología de las Adicciones de Seúl · Director del Instituto de Formación en Psicoanálisis Contemporáneo · Psicoterapeuta de relaciones objetales y supervisor, con 26 años de práctica y docencia. Foro de consultas