Cuando su pareja le dice «hoy quiero estar a solas», algunas personas piensan que será por cansancio y lo dejan pasar. Otras sienten «ya no me quiere» y pasan el día entero con ansiedad. Que una persona oiga las mismas palabras y las deje pasar, y otra se venga abajo, se debe a que cada una les da un significado distinto.
¿Por qué hay que distinguir lo que ocurre ahora del significado que le damos?
Desde luego, puede que el otro de verdad haya hecho algo mal. Si hubo insultos o una traición por su parte, revisar el significado que usted le dio a eso no debe servir para hacer como si esa falta no hubiera ocurrido. Pero solo separando lo que de verdad ocurrió del significado que usted le dio podrá ver cuánto miedo venido de su infancia se ha sumado al problema de ahora.
¿Qué es la fantasía inconsciente y por qué se siente como un hecho?
En psicoanálisis, la fantasía no significa imaginar algo sin fundamento. Se refiere a deseos y miedos de la infancia que no desaparecieron, sino que se quedaron y se convirtieron en la manera de interpretar lo que ocurre en las relaciones de ahora. Si alguien tiene la fantasía de que «las personas cercanas, al final, me abandonan», hasta una situación corriente, como que tarden en contestarle un mensaje, se lee como una señal de ruptura. Por eso es fácil que le duela, que se enfade con el otro o que se aferre a él.
Esta interpretación no es algo que uno elija, sino algo que ocurre solo, sin que uno se dé cuenta. Por eso, a la propia persona la interpretación le parece un hecho. Cuanto más fuerte es la emoción, más convicción tiene: «si lo siento, tiene que ser verdad». Pero esa emoción puede venir de la interpretación que uno le ha dado. Cuando tardan en contestarle, por muy grande que sea la ansiedad de que le abandonen, esa ansiedad no prueba que la otra persona de verdad quiera dejarle.
¿Cómo muestra el mito de Edipo el amor, la rivalidad y la culpa en el corazón de un niño?
Cómo los deseos y los miedos de la infancia se asientan como fantasía se ve con más claridad en la mente del niño que Freud explicó tomando prestado el mito de Edipo. Primero, el argumento del mito es este. Un padre oye la profecía de que «este hijo matará a su padre y se casará con su madre» y, para que no se cumpla, abandona a su hijo. Edipo, el hijo, crece en manos ajenas y un día, en el camino, mata a un anciano desconocido con quien ha tenido una disputa. Aquel anciano era el rey de un país, y Edipo llega a ser rey de ese país y se casa con la reina. Cuando más tarde se descubre que aquel anciano era su padre y la reina su madre, Edipo, atormentado por la culpa, se perfora los ojos con sus propias manos.
Freud tomó prestado este mito para explicar la mente de un niño de tres o cuatro años. Al principio, el niño vive en un mundo de dos, solo él y su madre. Pero entra una persona más, y la relación pasa a ser de tres: mamá, papá y el niño. El psicoanálisis llega a llamar deseo sexual a lo que el niño siente en esa etapa hacia sus padres. Pero eso no quiere decir que haya que dar por hecho que todos los niños sienten, al pie de la letra, un deseo sexual como el de un adulto.
Más que un deseo sexual al pie de la letra, lo central es lo siguiente. El niño quiere quedarse solo con la atención de uno de sus padres y quiere apartar al otro, que se ha metido entre él y ese padre. Y por sentir esto, siente ansiedad y culpa. La historia de Edipo, que mata a su padre, se casa con su madre y después, por la culpa, se perfora los ojos, es un retrato de este amor, esta rivalidad y esta culpa en el corazón del niño.
Quedarse con uno de los padres para sí solo y apartar al otro no ocurre en la realidad, sino solo dentro de la mente del niño. El psicoanálisis lo llama fantasía. Pero no es una ocurrencia pasajera: para el niño queda como algo que vivió de verdad. Y aun en la edad adulta, sin que uno lo sepa, sigue funcionando como la manera de interpretar lo que ocurre en las relaciones de ahora. Si una frase corta de su pareja le hace venirse abajo como un niño pequeño, y eso solo le pasa a usted, la pista está aquí.
Si su cuerpo se tensa antes que nada cuando su pareja habla menos, ¿a qué peligro del pasado está reaccionando?
La infancia no queda solo como fantasía en la mente. Lo que de verdad se vivió también puede quedar como una reacción del cuerpo. Si en la infancia, después de un silencio, pronto llegaban el abandono o la violencia, en el momento en que su pareja empieza a hablar menos, su cuerpo puede tensarse antes que nada. El corazón se acelera, la voz sube, y solo después uno busca la razón. Los ojos miran a la pareja de hoy, pero el cuerpo está reaccionando al peligro que en la infancia llegaba después del silencio.
Por eso no hay que despachar esta reacción como «algo que me he inventado sin motivo». En el pasado pudo ser una reacción que le ayudó a evitar un peligro real. Pero que el cuerpo se haya tensado no basta para decir que ahora también hay peligro. Ahora, más que avergonzarse de la reacción, hace falta comprobar si el mismo peligro existe también en el presente.
Cuando surge una emoción fuerte, ¿cómo separar los hechos de la interpretación?
Cuando surge una emoción fuerte, puede escribir tres frases: lo que de verdad ocurrió, el significado que le dio y la escena del pasado que le vino a la mente en ese momento. Por ejemplo: «Mi marido no me contestó. Lo interpreté como que me ignora. Me vino el recuerdo de mi padre, que cuando se enfadaba no hablaba durante días».
Esta separación no le quita al otro su responsabilidad. Al contrario, le ayuda a juzgar con más precisión si el silencio del otro ahora es solo cansancio o si busca controlarle o castigarle. Si se da cuenta de que su interpretación viene del pasado, no tiene por qué vivir el problema de hoy tan grande como el miedo de su infancia.
Escrito por Kim Hyung-keun — Director del Instituto de Psicología de las Adicciones de Seúl · Director del Instituto de Formación en Psicoanálisis Contemporáneo · Psicoterapeuta de relaciones objetales y supervisor, con 26 años de práctica y docencia. Foro de consultas