El momento en que reflexionar sobre uno mismo se convierte en reprocharse

Al repasar el día, a veces usted se pregunta «¿por qué hice eso?» y, al final, siempre le quedan frases como «siempre igual, así soy yo» o «¿por qué seré tan egoísta?». Sin llegar a saber qué quería ni por qué tomó esa decisión, solo ha dictado un veredicto: que es una persona egoísta y poca cosa.

Si después de mirarse a sí mismo se achica todavía más, ¿examinó lo que hizo o se puso nota?

La palabra «reflexionar» quiere decir volver la mirada atrás. Es examinar, tal como fue, por qué hizo usted lo que hizo y qué ocurrió a raíz de ese acto. Reprocharse es otra cosa. Quien se reprocha, a partir de un solo acto, saca sin más la conclusión de que toda su persona es egoísta y poca cosa. Si la conclusión es que toda la persona es así de por sí, parece que corregir un solo acto no va a cambiar nada. Por eso, cuando uno reflexiona, ve qué hacer la próxima vez; cuando se reprocha, le dan ganas de esconderse y termina tirando la toalla. Así que, si después de mirarse a sí mismo se achica todavía más, no estuvo reflexionando, sino reprochándose. No examinó lo que hizo; se puso nota como persona.

Los reproches que le suenan a su propia voz, ¿de dónde vienen?

En el momento en que piensa que quiere descansar, puede venirle de forma automática la frase «eres un perezoso». Es que las valoraciones que escuchó una y otra vez de sus padres o maestros en la infancia se instalaron dentro de usted, y ahora, aunque nadie se lo diga, se repite usted las mismas palabras.

Que esa voz le resulte familiar no significa que sea verdad. «Quiero descansar» es lo que usted desea ahora; «soy una persona perezosa» es una valoración de usted como persona. Son dos cosas distintas. Así que, primero, mire ese deseo tal como es: «Ah, quiero descansar». Si esa valoración, la de ser una persona perezosa, es acertada o no, hay que juzgarlo después y por separado, mirando cuánto ha cumplido de verdad de lo que tenía a su cargo.

¿Qué palabras, en cuanto se añaden, hacen que reflexionar se convierta en reprocharse?

Si, al mirarse a sí mismo, añade una palabra que juzga si algo es bueno o malo, como «codicioso» o «egoísta», en ese mismo momento reflexionar se convierte en reprocharse. Decirse «En la reunión quería que reconocieran primero mi opinión» es ver, tal como fue, lo que usted quería en ese momento. Si a eso le añade «así que soy un ser codicioso», ya no queda nada más que examinar. Porque, una vez que llega a la conclusión de que es «un ser codicioso», ya no hace falta seguir preguntándose por qué lo hizo.

En lugar de añadir esas palabras, puede mirar en qué situación creció su deseo de reconocimiento, si quizá por ese deseo interrumpió a otra persona y cómo hablará la próxima vez. Solo es posible cambiar si reconoce con claridad lo que hizo mal y, a la vez, no le pone una etiqueta a toda su persona.

¿Asumir la responsabilidad es castigarse?

Hay padres que viven diciéndole a su hijo «lo hice por tu bien» y que un día se dan cuenta: «Puse las apariencias por delante de lo que sentía mi hijo». Darse cuenta de algo así puede doler. Pero si en ese darse cuenta no hay intención de castigarse y aceptan el hecho tal como es, no se quedan en culparse una y otra vez. Escuchan lo que les dice su hijo, le piden perdón y cambian su forma de actuar.

La culpa es el sentimiento de «hice algo mal»; la vergüenza, el de «soy una mala persona». La culpa ayuda a corregir lo que se hizo mal. Pero si uno no se detiene en «hice algo mal» y salta a «soy un mal padre» o «soy una mala madre», la culpa se convierte en vergüenza. Entonces, igual que cuando uno se reprocha, como vimos antes, le dan ganas de esconderse e incluso puede perder el valor para pedir perdón. Haber asumido la responsabilidad no se demuestra por lo duramente que uno se haya culpado. Se demuestra por si de verdad pidió perdón y corrigió su conducta.

Si quita el juicio de la frase con la que se culpa, ¿qué se ve?

En la frase «¿por qué seré tan egoísta?», quite el juicio «egoísta» y recuerde qué deseaba usted en ese momento. Entonces podrá reescribirla así: «En la conversación de hoy quería que me escucharan primero a mí». Luego compruebe de qué manera expresó ese deseo y qué efecto tuvo en la otra persona.

Decirse «no pasa nada», ¿significa que no hizo nada mal?

Cuando le vengan de forma automática palabras con las que se reprocha a sí mismo, si se da cuenta —«ahora mismo me estoy reprochando»—, puede decirse lo siguiente: equivocarse no es el fin del mundo ni le convierte a usted en poca cosa, así que no hay motivo para reprocharse. Eso es decirse «no pasa nada».

Pero «no pasa nada» no quiere decir que no haya hecho nada mal. Quiere decir que, aunque vea lo que hizo mal, puede corregirlo sin denigrarse. Si intenta comprenderse, no es para pasarlo por alto diciéndose «no hice nada mal», ni para repetir el veredicto «soy una mala persona». Es para elegir con más responsabilidad lo que hará la próxima vez.


Escrito por Kim Hyung-keun — Director del Instituto de Psicología de las Adicciones de Seúl · Director del Instituto de Formación en Psicoanálisis Contemporáneo · Psicoterapeuta de relaciones objetales y supervisor, con 26 años de práctica y docencia. Foro de consultas

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